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Mar
Pasa cada vez que ese chico, Carlos Alcaraz, sale al campo. Un lugar escandalosamente extraño en el que hace algo que la gente que ha visto tenis durante décadas juraría por la vida de su compañero de dobles favorito y que nunca antes había visto. Y probablemente tengan razón porque a pesar de que (para él) ha estado dando tumbos durante los últimos seis meses, experimentando una especie de depresión de segundo año, Alcaraz nunca ha dejado de producir un espectáculo. El domingo, en la final del BNP Paribas Open de Indian Wells, el momento llegó poco más de la…